
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó el Estado de México por más de 90 años, y lo que dejó como herencia no fue progreso ni estabilidad, sino un estado sumido en la inseguridad, la pobreza y una deuda pública creciente que, sexenio tras sexenio, se volvió más insostenible. Ahora, desde la oposición, intentan criticar al actual gobierno y erigirse como los grandes defensores de la transparencia y la eficiencia. Pero ¿con qué calidad moral lo hacen?
Los números son contundentes: durante la administración de Alfredo del Mazo Maza, la deuda pública estatal creció 20 mil 840 millones de pesos, alcanzando un total de 60 mil 809 millones. ¿Y qué se hizo con ese dinero? Nada que realmente beneficiara al pueblo mexiquense. No hubo grandes obras, no hubo una transformación del estado ni un verdadero plan de desarrollo. Lo único que sí creció fue la nómina gubernamental, el despilfarro y los negocios para los amigos del régimen.
El problema de la clase política priista es que nunca pensaron en quedarse a vivir en el Estado de México. Siempre vieron su futuro fuera del país, en Europa o en lujosas residencias de Estados Unidos. Mientras aquí la gente lucha cada día con el transporte público deficiente, la inseguridad y la falta de oportunidades, ellos disfrutan de su retiro dorado, financiado con los impuestos de millones de mexiquenses.
Cada sexenio, el PRI dejaba una factura más alta y una crisis más profunda. La deuda se convirtió en su manera de sostener un sistema de privilegios, de comprar voluntades y de enriquecer a unos cuantos. ¿Dónde están esos exgobernadores hoy? ¿Dónde están los políticos que durante décadas vendieron la idea de que eran los únicos que podían gobernar? No están aquí, no enfrentan los problemas que ellos mismos crearon, porque nunca les interesó resolverlos.
Hoy, que han perdido la confianza de la gente, pretenden dar lecciones de buen gobierno. Pero ¿cómo pueden hablar de soluciones, si cuando tuvieron el poder absoluto no pudieron ni siquiera sentar las bases del desarrollo?. ¿Cómo pueden señalar al gobierno actual, cuando su único legado es un estado quebrado, con problemas estructurales que ellos mismos dejaron sin resolver?
El gobierno de Delfina Gómez Álvarez ha sido claro: no contratará nueva deuda en 2025. La apuesta es diferente: hacer más con menos, optimizar los recursos y dejar de endeudar al estado como si fuera una tarjeta de crédito sin límite. El PRI tuvo el poder, tuvo el dinero, tuvo el tiempo… y fracasó. Ahora, lo menos que pueden hacer es guardar silencio y asumir la responsabilidad histórica de sus actos.