
“Porque ningún partido se reconstruye desde la simulación”.
La frase, lanzada por Ricardo Aguilar Castillo, ex dirigente estatal del PRI en el Estado de México se convirtió en el eje de una dura crítica al estado actual del Partido Revolucionario Institucional y en un llamado abierto a la renovación real de la oposición en México.
En medio de la crisis de credibilidad que enfrenta el PRI a nivel nacional, el político mexiquense advirtió que el problema del partido no se resolverá únicamente con cambios de discurso o ajustes de imagen, sino con una transformación profunda de sus dirigencias y de su relación con la ciudadanía.
La declaración forma parte de un posicionamiento en el que Aguilar Castillo cuestiona que muchas fuerzas políticas continúen atrapadas en prácticas internas alejadas de la sociedad, priorizando acuerdos de grupo y control político por encima de las demandas reales de la población.
“México necesita una oposición seria, útil y con visión de Estado”, sostiene el exdirigente priista, al señalar que la simulación política terminó alejando a millones de ciudadanos de los partidos tradicionales.
La frase cobra especial relevancia en un contexto donde el PRI enfrenta cuestionamientos internos sobre sus liderazgos, su rumbo político y su capacidad de competir frente al nuevo escenario nacional encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo.
Para diversos sectores priistas, el mensaje de Ricardo Aguilar representa una de las críticas más directas hacia las dirigencias partidistas, al advertir que ningún instituto político puede recuperar la confianza ciudadana mientras mantenga las mismas prácticas que lo llevaron a perder credibilidad.
El posicionamiento también pone sobre la mesa un debate cada vez más visible dentro del priismo: la necesidad de abrir espacios a nuevos liderazgos, recuperar cercanía con la gente y dejar atrás la política de simulación que, según el propio Aguilar, terminó debilitando al partido frente a la sociedad.
Con una frase breve, pero contundente, el político mexiquense resumió el desafío que enfrenta hoy el PRI: reconstruirse desde la autocrítica o seguir alejándose de los ciudadanos.