
El Mundial de Futbol 2026 no será únicamente una fiesta deportiva; para los municipios metropolitanos del Estado de México es, en realidad, una prueba política, administrativa y de futuro. Lo que ocurra en 2026 marcará —para bien o para mal— la percepción ciudadana que se reflejará directamente en las urnas de 2027.
Toluca, Naucalpan, Ecatepec, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl, Metepec y otros municipios del Valle de México no serán sedes formales de partidos, pero sí territorio estratégico: movilidad, hospedaje, logística, seguridad, servicios y experiencia urbana pasarán por ellos. El balón quizá ruede en la capital del país, pero el impacto real se jugará en suelo mexiquense.
La gobernadora Delfina Gómez ha entendido el mensaje. La narrativa oficial ya no habla sólo de obra pública, sino de infraestructura con visión de legado: reconstrucción del Periférico Norte con estándares de largo plazo, uso de inteligencia artificial en seguridad, coordinación interinstitucional y una agenda metropolitana que, por primera vez en años, intenta romper la fragmentación histórica entre municipios.
Aquí está el punto clave: el Mundial no perdona improvisaciones. Un bache, un asalto, una vialidad colapsada o un transporte ineficiente se convierten en noticia internacional en segundos. Para alcaldes y alcaldesas, el Mundial 2026 es un examen público, sin derecho a extraordinario.
En este contexto, presidentes municipales como Ricardo Moreno en Toluca, Raciel Pérez Cruz en Tlalnepantla, Isaac Montoya en Naucalpan o Azucena Cisneros en Ecatepec juegan algo más que indicadores administrativos: juegan capital político. Cada patrulla entregada, cada calle repavimentada, cada sendero seguro y cada operativo exitoso suma —o resta— credibilidad rumbo a la siguiente elección.
Pero el riesgo es alto. El Mundial también puede exhibir desigualdades, corrupción heredada, falta de planeación y gobiernos locales que siguen atrapados en la lógica del corto plazo. Si el discurso no se traduce en resultados visibles, el evento puede convertirse en un boomerang político.
A nivel estatal, la apuesta es clara: si el Edomex logra posicionarse como un aliado eficiente del Mundial, con municipios funcionales y coordinados, Delfina Gómez llegará al 2027 con un argumento sólido de gobernabilidad metropolitana. Si falla, la oposición —interna y externa— no dejará pasar la oportunidad.
El Mundial 2026 no define campeones locales en la cancha, pero sí definirá ganadores y perdedores políticos. En los municipios metropolitanos del Estado de México, el silbatazo final no se escuchará en el estadio, sino en las urnas.
Porque en política, como en el futbol, los errores en casa se pagan caro.