

Por Efrén San Juan VI
MORENA convocó el pasado fin de semana a sus alcaldes a la escuela. No a tomarse la foto, no a inaugurar una obra, no a cortar listón. A la escuela. Y como suele pasar cuando la palabra implica leer, escuchar o aprender algo que no da votos inmediatos, la respuesta fue ejemplar… pero por su ausencia.
De todos los alcaldes que ganó MORENA, solo 100 acudieron al llamado. El resto, simplemente no llegó. Algunos dirán —con toda seriedad— que fue por la distancia, por la agenda, por compromisos “prioritarios”. Curioso: para los eventos presidenciales, las giras nacionales o la selfie con el personaje de moda, el mapa de México siempre se achica milagrosamente.
Pero seamos honestos. Muchos no fueron porque no sabían ni para qué. Porque hablar de estatutos, principios, organización interna y formación política suena peligroso cuando nunca los leíste… o cuando ni siquiera sabías que existían. Para varios alcaldes guindas, MORENA es un color, un slogan y una boleta; no un partido con reglas, ni un movimiento con ideología.
La escuela evidenció lo que en los municipios ya se comenta en voz baja: que una parte importante de los alcaldes llegó gracias a la 4T, pero sin entenderla, sin estudiarla y, peor aún, sin comprometerse con ella. Usaron el uniforme, pero nunca aprendieron la materia. Ganaron el cargo, pero reprobaron la noción básica de pertenencia política.
Y no es que falte tiempo, falta interés. Porque cuando el poder ya está en la bolsa, la formación estorba. Para qué aprender estatutos si nunca los vas a cumplir. Para qué conocer la vida interna del partido si el plan es gobernar como siempre, solo que ahora en color guinda.
MORENA arrasó en las urnas, sí. Pero también abrió la puerta a una generación de alcaldes que ve al movimiento como Uber político: lo usas para llegar y luego te bajas sin dar propina ni dejar rastro de lealtad. No construyen partido, no forman cuadros, no fortalecen estructura. Administran… cuando mucho.
La escuela de alcaldes no era un curso de lujo, era una clase remedial. Y aun así, la mayoría prefirió no pasar lista. Porque aprender implica compromiso, y comprometerse implica algo que muchos no estaban dispuestos a dar.
Al final, quedó claro: en MORENA hay alcaldes que gobiernan municipios… pero que siguen sin pasar primer grado de militancia. Y eso, más que una falta administrativa, es una advertencia política.
