ENTRE EL RELEVO EN MORENA, LAS PIEZAS DEL PT Y LA APUESTA VERDE: EL EDOMEX YA MIRA HACIA 2027

Por Efrén San Juan VI

MORENA EDOMEX: EL RELEVO QUE EXHIBIRÁ QUIÉN TIENE EL CONTROL DEL PARTIDO

La eventual designación de un delegado nacional para conducir Morena en el Estado de México no sería un simple trámite administrativo ni una solución burocrática ante la ausencia de su dirigencia. Sería, sobre todo, una señal política sobre quién tiene la capacidad de tomar decisiones, cómo se distribuye el poder dentro del partido y qué tanto margen de autonomía conservan sus estructuras locales.

La salida de la presidencia estatal abre una interrogante que Morena no puede resolver únicamente con argumentos estatutarios: ¿quién debe conducir al partido en una de las entidades electoralmente más importantes del país y bajo qué intereses se tomará esa decisión?

Sobre la mesa hay dos caminos. El primero es que la dirigencia nacional designe a un delegado que asuma el control de la estructura mexiquense. El segundo es que se convoque al Consejo Estatal para elegir a quien encabece el comité. Ambos mecanismos pueden tener sustento normativo, pero sus implicaciones políticas son muy distintas.

Un delegado nacional ofrecería a la dirigencia central una herramienta directa para ordenar la estructura, alinear decisiones y reducir el margen de disputa entre los grupos locales. En determinadas circunstancias, esa intervención podría contribuir a estabilizar al partido. Sin embargo, también podría alimentar la percepción de que las decisiones importantes se toman fuera del Estado de México y que las estructuras locales tienen una autonomía limitada cuando se trata de definir quién manda.

La elección mediante el Consejo Estatal, por su parte, permitiría reivindicar la participación de los órganos partidistas mexiquenses. Pero tampoco debe idealizarse: convocar a una sesión no garantiza un proceso democrático, transparente ni libre de presiones. La verdadera prueba estaría en conocer quiénes participan, qué acuerdos se construyen, qué grupos respaldan a cada aspirante y si la decisión responde a una deliberación real o a una negociación previamente pactada.

Porque el problema de fondo no es solamente quién ocupará una oficina, sino qué proyecto político tendrá el control de Morena en el Estado de México.

La entidad representa un territorio estratégico para el partido. Su peso demográfico, electoral y político la convierte en una pieza fundamental para la consolidación del proyecto gobernante y para la preparación de las elecciones de 2027. En ese escenario, controlar la dirigencia significa tener influencia sobre la organización territorial, la interlocución con los liderazgos municipales, la construcción de acuerdos internos y, potencialmente, la competencia por las candidaturas.

Por eso sería ingenuo suponer que la definición del relevo estará desligada de los intereses de quienes buscan posicionarse para el próximo ciclo electoral. Aunque las coordinaciones partidistas y las candidaturas son procedimientos distintos, las estructuras que hoy se organicen pueden adquirir un peso considerable en la correlación de fuerzas de mañana.

La pregunta incómoda es si Morena resolverá esta transición para fortalecer su institucionalidad o si la aprovechará para reacomodar los equilibrios internos, premiar lealtades y contener a los grupos que disputan espacios de poder.

También hay una contradicción que el partido tendría que explicar. Si sus estatutos contemplan mecanismos para mantener la conducción del comité, ¿por qué sería necesaria una intervención nacional? La respuesta puede encontrarse en razones legítimas de gobernabilidad interna, pero también podría revelar que la sucesión no es únicamente un asunto de procedimiento, sino una disputa política cuya dimensión rebasa al propio comité estatal.

En cualquier caso, la eventual designación de un delegado no demostraría, por sí misma, una imposición, del mismo modo que una elección del Consejo Estatal no acreditaría automáticamente la existencia de democracia interna. Lo determinante será la transparencia del procedimiento, la justificación de la decisión y la posibilidad real de que los órganos partidistas ejerzan sus atribuciones sin convertirse en simples instrumentos de las dirigencias.

La transición en la dirigencia mexiquense será, en ese sentido, una prueba de madurez política. Si prevalece una salida institucional, con reglas conocidas y participación efectiva, el partido podrá convertir una coyuntura de incertidumbre en una oportunidad para fortalecerse. Si la decisión se resuelve mediante acuerdos opacos, el costo podría reflejarse en nuevas fracturas, inconformidades y una mayor desconfianza entre sus propias bases.

Al final, el nombre de quien encabece Morena en el Estado de México será importante, pero mucho más revelador será el procedimiento que lo lleve al cargo. Ahí se conocerá si el partido está dispuesto a respetar sus mecanismos internos o si, cuando el poder está en juego, la decisión central termina pesando más que la voluntad de sus estructuras.

Porque en política, la sucesión nunca es solamente una sustitución de nombres: es una radiografía del poder. Y en Morena, el relevo mexiquense puede revelar quién decide, quién negocia y quién tendrá la última palabra rumbo a 2027.

SANTILLÁN MUEVE SUS PIEZAS Y GANA TERRENO EN EL PT

Ernesto Santillán Ramírez ya puso sus cartas sobre la mesa. Su registro para integrarse a la Coordinación Estatal del Partido del Trabajo (PT) marca una nueva etapa en su trayectoria política, desde la que encabezará los trabajos del instituto político en Ecatepec, respaldado por la estructura territorial y la capacidad de convocatoria que ha construido en el municipio.

En política, las aspiraciones cuentan, pero el territorio pesa. Santillán ha hecho del trabajo de base, la organización y la presencia en las comunidades sus principales activos políticos. En Ecatepec, uno de los municipios estratégicos por su dimensión electoral, esa estructura representa una plataforma para fortalecer al PT y asumir un papel más relevante en la operación partidista.

La señal quedó sobre la mesa el pasado domingo, durante su segundo informe legislativo, donde mostró el músculo político que ha venido articulando. La convocatoria no pasó inadvertida en la lectura interna del partido: Santillán cuenta con equipo, presencia y capacidad de movilización, elementos que respaldan su nueva responsabilidad al frente de los trabajos petistas en el municipio.

Su movimiento también debe leerse en clave de futuro. A medida que se aproxima la elección de 2027, los partidos necesitan algo más que siglas y declaraciones: requieren operadores, presencia comunitaria y estructuras capaces de convertir el respaldo político en votos. Ecatepec, por su tamaño y complejidad, será una prueba de fuego para cualquier estrategia de crecimiento partidista.

El desafío para Santillán será demostrar que su capacidad de convocatoria puede traducirse en una organización más sólida, una mayor presencia del PT y resultados políticos concretos. Una cosa es reunir simpatizantes en un informe legislativo y otra, mucho más compleja, mantener una estructura activa y competitiva en el territorio.

También habrá que observar cómo se articula su liderazgo municipal con las decisiones de la dirigencia estatal y con las alianzas que el PT establezca rumbo a la próxima contienda. La fuerza local puede convertirse en una carta de negociación, pero su verdadero valor dependerá de la capacidad para construir acuerdos sin perder presencia propia.

Santillán mueve sus piezas y busca ganar terreno. El tablero está abierto y Ecatepec será uno de los espacios donde se medirá hasta dónde puede llegar el crecimiento petista. En política, la estructura es una ventaja; convertirla en poder electoral es el verdadero reto.


EL VERDE QUIERE MÁS MUNICIPIOS: COUTTOLENC APUESTA A LA DEBILIDAD DE SUS ADVERSARIOS

José Alberto Couttolenc Buentello, dirigente estatal del Partido Verde Ecologista de México, ha colocado una meta ambiciosa rumbo a 2027: conservar los 19 gobiernos municipales que el partido tiene actualmente en el Estado de México e incrementar esa cifra en territorios donde considera que la oposición ha perdido fuerza.

La declaración tiene una lectura que va más allá de la aritmética electoral. El Verde no pretende conformarse con administrar los espacios que ya gobierna; busca convertir su presencia municipal en una plataforma de expansión y consolidar su peso dentro del mapa político mexiquense.

La apuesta tiene lógica. En un escenario donde los partidos tradicionales enfrentan dificultades para recuperar credibilidad y construir alternativas competitivas, las fuerzas políticas con estructuras territoriales activas pueden encontrar oportunidades para crecer. Sin embargo, la debilidad de los adversarios no garantiza, por sí misma, una victoria.

El PVEM tendrá que demostrar que sus gobiernos municipales cuentan con resultados, que sus liderazgos mantienen respaldo ciudadano y que su estructura puede competir más allá de los territorios donde ya tiene presencia. Retener 19 ayuntamientos exige defender lo construido; aumentar esa cifra obliga a conquistar nuevos espacios, construir candidaturas competitivas y resolver las tensiones que inevitablemente aparecen cuando varios grupos reclaman una misma posición.

La declaración de Couttolenc también anticipa una negociación política de mayor alcance. Cada municipio que el Verde consiga conservar o conquistar puede fortalecer su capacidad de interlocución con sus aliados y aumentar su margen de maniobra en la definición de candidaturas, coaliciones y acuerdos electorales.

Aquí aparece una pregunta central: ¿el crecimiento del Verde responderá a una consolidación propia o dependerá de las fisuras y debilidades de otras fuerzas políticas? La diferencia es importante. Un partido que avanza únicamente porque sus competidores retroceden puede obtener triunfos coyunturales; uno que construye identidad, organización y resultados tiene mayores posibilidades de sostenerlos.

Además, el objetivo de incrementar los gobiernos municipales tendrá que superar la prueba más exigente: la evaluación ciudadana. Los electores no votan exclusivamente por las estrategias de las dirigencias. También juzgan servicios públicos, seguridad, obra, cercanía de sus autoridades y capacidad de resolver problemas cotidianos.

Couttolenc ha puesto una meta sobre la mesa y con ella abre una nueva etapa de competencia para el Verde mexiquense. Pero conservar 19 municipios y sumar otros no dependerá solamente de detectar dónde se debilita la oposición. Requerirá organización, candidaturas con credibilidad y una estrategia territorial capaz de convencer a quienes hoy no votan por el partido.

En 2027, el Verde buscará demostrar que su crecimiento es algo más que una buena lectura de las debilidades ajenas. Porque identificar los espacios que deja vacíos la oposición puede abrir una oportunidad; convertir esa oportunidad en votos y gobiernos será la verdadera medida de su fuerza.

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