
Por Aníbal Becerra Olvera
La decisión de llevar a Tlalnepantla la conmemoración por el segundo aniversario del triunfo electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no fue un gesto protocolario ni una casualidad logística. Fue una señal política.
En la lógica de la Cuarta Transformación, Tlalnepantla representa mucho más que un municipio industrial del Valle de México. Es uno de los territorios con mayor peso electoral, económico y poblacional del país. Su ubicación estratégica conecta al norte del Estado de México con la capital del país y lo convierte en un termómetro político indispensable rumbo a las elecciones intermedias y, sobre todo, hacia el 2027.
La 4T sabe perfectamente que quien controle políticamente Tlalnepantla tendrá una ventaja importante en la disputa metropolitana del Valle de México. Por eso el municipio volvió a colocarse en el centro de la escena nacional.
Sin embargo, mientras el municipio gana relevancia política, su presidente municipal, Raciel Pérez Cruz, sigue atrapado en un fenómeno que ya le costó caro en el pasado: la falta de exposición mediática.
En política no basta con gobernar; también hay que comunicar.
Y ahí es donde comienzan las contradicciones. Hay quienes dicen que a Raciel Pérez le sobra prudencia y le falta protagonismo. Otros sostienen que su estilo responde a una personalidad más técnica y menos estridente. Pero en tiempos donde la narrativa digital, las redes sociales y la percepción pública pesan tanto como las obras y las acciones de gobierno, el silencio termina convirtiéndose en un problema político.
La historia reciente lo demuestra.
Raciel ya perdió una reelección en gran medida porque permitió que otros construyeran el relato sobre su gobierno. Mientras sus adversarios ocupaban espacios mediáticos, generaban confrontación y posicionaban mensajes simples pero efectivos, su administración permanecía distante, fría y con poca capacidad de conectar emocionalmente con la ciudadanía.
En política moderna, quien no comunica queda invisible.
Y eso resulta todavía más delicado cuando se gobierna un municipio clave para el proyecto nacional de Morena.
Hoy, con el respaldo implícito que significa que Tlalnepantla haya sido elegido como sede de un acto político de gran relevancia para la presidenta Sheinbaum, Raciel Pérez tiene frente a sí una nueva oportunidad para reposicionarse. El problema es que el tiempo político corre rápido y la oposición ya entendió algo que Morena a veces olvida: la percepción también gobierna.
La comunicación del gobierno municipal ha sido tibia, reactiva y carente de narrativa política. No logra transmitir fuerza, liderazgo ni cercanía social. Hay acciones de gobierno que pasan desapercibidas porque simplemente nadie las convierte en conversación pública.
Y en una época donde un video de 30 segundos puede definir la percepción de miles de personas, eso es un lujo que ningún alcalde puede darse.
La paradoja es evidente: mientras Tlalnepantla se fortalece como pieza estratégica de la 4T nacional, su principal figura política local sigue sin ocupar plenamente el espacio mediático que le corresponde.
Porque al final, en política, el vacío nunca permanece vacío. Siempre alguien más lo ocupa.