ENTRE SILLAS, CANDIDATURAS Y LEALTADES

Por Efrén San Juan VI

¿GOBIERNO O AGENCIA DE COLOCACIONES?

En los pasillos del poder ya corre la versión de que Mónica Chávez, actual oficial mayor, estaría preparando maletas para dejar el cargo y buscar una candidatura. De confirmarse, la pregunta es obligada: ¿con qué méritos? Porque su paso por la Secretaría de las Mujeres dejó, según las críticas que arrastra, más inconformidades que resultados, mientras que en la Oficialía Mayor tampoco ha logrado convertirse en una figura que deje huella. ¿Así se recompensa la falta de resultados? ¿O la lealtad política pesa más que la capacidad y el trabajo? En Morena deberían tener cuidado: las candidaturas no tendrían que convertirse en premios de consolación para quienes no convencen desde el servicio público.

Y mientras unos preparan maletas, otros ya se sienten dueños de las llaves del palacio. Dicen que José Cosmares anda más que entusiasmado, presumiendo cercanía con la gobernadora Delfina Gómez y vendiéndose como el asesor que mueve los hilos y al que todos escuchan. ¿Será cierto o ya se creyó su propio cuento? Porque una cosa es colaborar en un gobierno y otra muy distinta comportarse como patrón sin tener el cargo ni los méritos para hacerlo. La cercanía con el poder no convierte a nadie en intocable, mucho menos en indispensable.

Lo verdaderamente preocupante es que, mientras algunos presumen influencias y otros podrían aspirar a candidaturas, la ciudadanía sigue esperando resultados, no pasarelas políticas ni funcionarios que confundan autoridad con prepotencia. Si Mónica Chávez busca una candidatura, tendrá que explicar qué resultados respaldan sus aspiraciones; y si Cosmares presume tanto poder, debería demostrarlo con trabajo, no con desplantes. Porque el servicio público no es una agencia de colocaciones ni el gobierno un club de consentidos. Y si en Morena quieren predicar con el ejemplo, más les vale entenderlo antes de que el costo de sus decisiones se refleje en las urnas.

VERDE QUE TE QUIERO VERDE… ¿PERO QUIÉN SE QUEDA CON LA SILLA?

En Ixtlahuaca, la llegada de dos figuras con pasado priista y panista al Partido Verde podría convertirse en un auténtico rompecabezas político. Abuzaid Lozano, exalcalde emanado del PRI, y José Luis Solalinde, exalcalde identificado con el PAN, dejaron sus respectivas fuerzas políticas para sumarse al Verde. El movimiento amplía la presencia del partido, pero también abre una interrogante: ¿cómo van a acomodar a dos liderazgos que podrían aspirar a espacios similares?

Porque en política las adhesiones se anuncian con fotografías, apretones de manos y sonrisas; el verdadero desafío comienza cuando llega la hora de repartir candidaturas. Y en Ixtlahuaca, por ahora, parece haber más aspirantes que sillas disponibles.

La presidencia municipal es una sola y, por más acuerdos que se construyan, no hay manera de sentar a dos personas en la misma silla. El problema tampoco termina ahí: sumar a dos personajes con sus respectivas trayectorias y equipos no significa que sus seguidores vayan a caminar juntos. Una cosa es que los dirigentes cambien de camiseta y otra muy distinta que sus bases acepten compartir proyecto, intereses y objetivos.

A este escenario se agrega la diputación local, otro espacio que podría entrar en la negociación política, aunque la eventual distribución de candidaturas entre los partidos aliados dependerá de los acuerdos que se alcancen. Si, como se comenta en los corrillos políticos, el PT lleva mano en esa posición, al Verde se le estrecharía todavía más el margen para acomodar a sus nuevos invitados.

El dilema es mayúsculo: ¿cómo conciliar las aspiraciones de ambos liderazgos sin generar inconformidades internas ni dejar heridas entre sus respectivos grupos? Porque si alguno siente que lo invitaron a la mesa únicamente para mirar cómo comen los demás, la alianza podría empezar a crujir antes de que arranque formalmente la contienda.

Y aquí aparece el riesgo político de fondo: que las diferencias por las candidaturas terminen debilitando el entendimiento con Morena. Si los partidos no encuentran una fórmula que satisfaga a sus grupos, la posibilidad de competir por separado podría ganar terreno. No es un desenlace inevitable, pero sí un escenario que merece atención.

En política, las alianzas se construyen para sumar fuerzas, no para multiplicar disputas. El Verde tendrá que demostrar que la incorporación de nuevos cuadros representa una oportunidad de crecimiento y no el inicio de una competencia interna por ver quién se queda con la única silla disponible.

FRANCISCO VÁZQUEZ: TEXCOCO COMO PUNTO DE PARTIDA

Quien también comienza a colocarse en el tablero de la sucesión política de 2027 es Francisco Vázquez Rodríguez, presidente de la Junta de Coordinación Política de la Legislatura mexiquense y uno de los personajes relevantes del llamado Grupo Texcoco, encabezado por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez.

Todo apunta a que el legislador buscará aparecer en las boletas electorales del próximo año. La incógnita no está únicamente en si participará, sino en qué espacio podría competir y hasta dónde llegarían sus aspiraciones. Texcoco, su tierra natal y uno de los principales referentes políticos del grupo al que pertenece, aparece como un punto natural de referencia para entender sus movimientos.

Pero reducir su futuro político a una candidatura local sería perder de vista el contexto. Vázquez Rodríguez ocupa una posición estratégica en el Congreso mexiquense, donde la coordinación parlamentaria exige interlocución, negociación y capacidad para construir acuerdos. Esa responsabilidad lo coloca en un espacio de visibilidad política que podría tener consecuencias más allá de la actual Legislatura.

A ello se suma su pertenencia al entorno político de Delfina Gómez, un factor que inevitablemente estará bajo la lupa conforme se acerque el proceso electoral. Sin embargo, formar parte de un grupo político no garantiza candidaturas ni posiciones futuras: también cuentan los acuerdos internos, las reglas partidistas y las decisiones que se tomen en Morena.

La pregunta, entonces, es si Francisco Vázquez apostará por una posición vinculada directamente con Texcoco o si su trayectoria legislativa y su papel en la conducción política del Congreso abrirán otras posibilidades. Por ahora, lo que habrá que observar son sus propios movimientos y las señales que envíe su partido.

En la política mexiquense, los cargos actuales suelen convertirse en plataformas para las siguientes contiendas, pero el salto de una responsabilidad a otra nunca está escrito de antemano. Para Francisco Vázquez, 2027 podría representar una nueva etapa; la dimensión de ese paso dependerá de las decisiones que tome y de los acuerdos que consiga construir dentro de su partido.

Por lo pronto, el tablero comienza a moverse: unos hacen maletas, otros buscan acomodar a sus aliados y algunos más preparan el terreno para dar el siguiente paso. Y mientras las dirigencias reparten expectativas, la ciudadanía tendrá que preguntarse qué hay detrás de cada aspiración: un proyecto para servir o, simplemente, la disputa por la siguiente silla.

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